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Antiguo Cáliz Barroco de Plata Dorada. Favier Frères. Lyon, Francia, ca. 1880 |
Referencia: AR-E-556
Importante cáliz francés de estilo barroco fabricado en Lyon hacia 1880 por la casa Favier Frères, realizado enteramente en plata dorada y con una calidad de ejecución que se aprecia desde el primer vistazo. Es una pieza de extraordinaria presencia, elegante en proporciones y especialmente rica en su programa ornamental, con una iconografía cuidadosamente repartida entre la base, el nudo y la bajocopa. Su altura importante de 30 cm le da un porte notable dentro de este tipo de obras litúrgicas, y el conjunto conserva una imagen magnífica tanto por el diseño como por el estado en que ha llegado.
La base es una de las partes más ricas y atractivas del cáliz. En ella aparece una cruz central en relieve, flanqueada por tres medallones figurativos muy bien trabajados. En uno de ellos aparece Jesucristo, representado de busto, con la mano sobre el pecho y la cabeza rodeada por un halo de rayos, en una imagen de gran fuerza devocional. En otro medallón se ve a San José con el Niño Jesús en brazos, en una composición muy cálida y cercana, resuelta con buen detalle tanto en los rostros como en los pliegues de las vestiduras. El tercer medallón muestra a la Virgen María joven, con las manos unidas en actitud de oración y la cabeza ligeramente inclinada, dentro de una imagen serena y muy cuidada. Entre estos medallones se desarrolla una decoración de vides y espigas de trigo, motivos claramente eucarísticos, tratados con relieve fino y abundante detalle. En el halo exterior de la base vuelven a aparecer estos elementos, acompañados además por varios símbolos de la Pasión, entre ellos los clavos, la corona de espinas y el látigo, integrados dentro de la ornamentación. Todo ello hace que la base tenga mucha variedad, mucho trabajo y un contenido religioso muy visible desde cualquier lado.
El nudo está igualmente trabajado con gran riqueza. No es una zona resuelta de forma secundaria, sino una parte importante del diseño, tanto por volumen como por decoración. En él aparecen nuevamente las vides, las espigas de trigo y los juncos, integrados con equilibrio en la composición. Todo ello le da textura, movimiento y profundidad, y hace que el astil resulte especialmente atractivo en mano. Este trabajo ornamental mejora mucho la transición entre la base y la copa, y demuestra una orfebrería cuidada, propia de una casa importante. Además, el dorado ayuda a resaltar los relieves y multiplica el efecto visual de estas zonas decorativas sin caer en exceso.
La bajocopa mantiene el mismo nivel de trabajo y vuelve a concentrar buena parte del interés visual de la pieza. En ella se reparten tres medallones dedicados a las virtudes teologales, cada uno resuelto con una figura femenina en relieve. En uno de ellos aparece la Fe, sentada, sosteniendo la cruz en una mano y el cáliz en la otra, en una representación muy clara y muy propia de este tipo de piezas. En otro se ve la Esperanza, también sentada, con el ancla apoyada a su lado, en una imagen serena y bien compuesta. El tercer medallón está dedicado a la Caridad, representada como una madre con niños a su alrededor, en una escena más cálida y más movida, que introduce además un contraste muy bonito con las otras dos figuras. Los tres medallones están enmarcados dentro de cartelas bien dibujadas y destacan sobre el fondo dorado de la copa, con figuras de buen relieve y detalles visibles en los rostros, los cabellos, los pliegues de la ropa y los atributos de cada virtud. Entre ellos vuelven a aparecer los calados vegetales, las espigas, las hojas y los racimos, enlazando esta zona con la decoración del resto del cáliz y dando a la bajocopa un aspecto muy rico y muy trabajado.
El cáliz presenta contrastes en varios puntos de la pieza. Concretamente, los encontramos en la base, donde aparecen tanto los de la plata francesa como los del orfebre Javier Freres, y también en la bajocopa y en la propia copa. En cuanto al estado de conservación, el cáliz se presenta en excelente estado de uso y de conservación. El dorado mantiene en muy buen estado. Esta buena conservación permite disfrutar mejor de la finura del trabajo decorativo y de la riqueza iconográfica de todas sus partes.
Se trata de un cáliz barroco especialmente atractivo, tanto por su tamaño como por la riqueza de su decoración y el buen estado general que presenta. Puede ser una pieza magnífica para un sacerdote que vaya a ordenarse, para una parroquia o capilla que quiera reintroducir un cáliz de verdadera presencia en el uso litúrgico, o para un coleccionista que busque una obra de arte sacro bien resuelta y con fuerza visual. Su dorado, la calidad de los relieves, la abundancia iconográfica y la solidez del conjunto hacen que no sea un cáliz corriente, sino una pieza con empaque y con capacidad de destacar por sí sola. Es de ese tipo de obras que reúnen devoción, calidad y belleza en una sola pieza, y precisamente por eso no suelen pasar desapercibidas mucho tiempo cuando salen a la venta.
Medidas: Altura 30 cm (11.81 in). Diámetro de la copa 8,8 cm (3.46 in). Diámetro de la base 14,7 cm (5.79 in). Peso: 473 g. (16.68 oz.)
Historia de Favier Frères
La casa Favier fue una de las referencias de la orfebrería religiosa lionesa del siglo XIX. Las fuentes patrimoniales francesas vinculan el nombre Favier Frères a un taller familiar activo en Lyon desde la década de 1820, primero en torno a André-Michel Favier y Jean-Marie François Henri Favier, y más tarde con otros miembros de la familia, entre ellos Jean-Baptiste y Claude Favier. El punzón más reconocible de la casa, con las letras FF y un sol en un losange horizontal, aparece documentado en numerosas piezas litúrgicas conservadas en iglesias y colecciones públicas francesas, lo que da una buena idea de la difusión y del prestigio alcanzado por este taller.
Lyon fue entonces uno de los grandes centros franceses de producción de orfebrería eclesiástica, y casas como Favier surtieron cálices, copones, custodias y otros objetos de culto para parroquias, capillas y comunidades religiosas. Su producción se aprecia por el cuidado del relieve, por la riqueza de la iconografía devocional y eucarística y por una ejecución técnica sólida, muy en sintonía con el gran desarrollo de la platería litúrgica francesa del siglo XIX.
En una pieza como este cáliz se entiende bien por qué la casa Favier gozó de tanta consideración. No se trata solo de un objeto funcional para el culto, sino de una obra pensada para transmitir dignidad, riqueza visual y contenido simbólico. Por eso el nombre Favier sigue siendo hoy muy valorado dentro del arte sacro francés y entre coleccionistas que buscan piezas litúrgicas con calidad real y buena presencia.
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Precio : 5200 €
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