Monumental Copón Antiguo de Plata. 42 cms - 16.5 in. Bélgica, c. 1900

 


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    Monumental Copón Antiguo, Circa 1900    
     

Copón Monumental Antiguo en Plata. 42 cms - 16.5 in. Bélgica, Circa 1900


Referencia: AR-E-543



Impresionante copón litúrgico antiguo fabricado en Bélgica circa 1900, realizado en plata con interior dorado vermeil y una presencia monumental poco habitual. Se trata de una pieza de gran tamaño, concebida claramente para un uso eclesiástico importante, probablemente en una iglesia de gran entidad o catedral. Su altura de 42 cm, su peso de 1.660 g y la riqueza de sus relieves hacen que destaque de inmediato como una obra de orfebrería religiosa de primer nivel.

La base es, sin duda, una de las zonas más impresionantes y elaboradas de este monumental copón. Está concebida como un auténtico programa iconográfico en plata repujada, organizado en grandes cartelas en relieve separadas por elegantes volutas y rodeadas de racimos de uvas y hojas de vid de magnífico modelado. La profundidad del trabajo es extraordinaria: las figuras sobresalen con fuerza sobre los fondos punteados, creando un juego de luces y reflejos que da muchísima vida a la superficie. El efecto visual cambia constantemente según incide la luz sobre la plata, haciendo que las escenas parezcan casi esculturas en miniatura integradas en la estructura del copón.

Las escenas religiosas representadas muestran episodios fundamentales de la vida y Pasión de Cristo. Una de las más bellas corresponde al Bautismo de Jesús por San Juan Bautista, resuelto con una composición muy elegante y equilibrada. Cristo aparece arrodillado mientras San Juan bautiza a Jesús bajo la paloma del Espíritu Santo rodeada de rayos celestiales. Otra escena representa la Oración en el Huerto, con Cristo arrodillado en actitud de plegaria mientras un ángel emerge entre las nubes sosteniendo el cáliz. La escena transmite una sensación muy teatral y devocional, reforzada por la riqueza del grabado y la profundidad de las texturas.

Especialmente impactante resulta también la escena del traslado de Cristo al sepulcro tras la Crucifixión. Las figuras muestran una expresividad y un movimiento realmente. El cuerpo de Cristo aparece sostenido por varios personajes en una composición llena de dramatismo, con una arquitectura al fondo que aporta profundidad a la escena. Todo el conjunto está rodeado por exuberantes motivos eucarísticos: racimos de uvas cargados de volumen, hojas de parra y ornamentación vegetal finamente cincelada que enlaza simbólicamente el sacrificio de Cristo con el vino consagrado de la Eucaristía. La combinación entre iconografía religiosa y decoración naturalista está ejecutada con un nivel de calidad verdaderamente excepcional.

El nudo central posee un volumen magnífico y una presencia muy escultórica, actuando como auténtico eje visual entre la base y la copa. La superficie está trabajada con finas líneas verticales en relieve y medallones ovalados cuidadosamente integrados en la estructura. En ellos aparecen representados la Virgen María, Cristo Jesús y San Juan Evangelista, identificable por el águila, uno de los símbolos más tradicionales de este evangelista. Además de su riqueza decorativa, el nudo aporta una gran sensación de calidad y solidez al conjunto. Su tamaño y desarrollo ornamental ayudan a equilibrar visualmente las enormes proporciones del copón, creando una transición muy armoniosa entre la monumental base y la amplia copa dorada.

La copa posee unas proporciones realmente monumentales y transmite una sensación de riqueza visual extraordinaria. El contraste entre el amplio cuerpo liso dorado y la exuberante decoración plateada de la subcopa crea un efecto muy elegante y solemne. El interior conserva un precioso dorado vermeil de tono cálido y profundo, muy brillante y en excelente estado, pensado para realzar visualmente el carácter sagrado del copón. Sus grandes dimensiones le proporcionan una enorme capacidad y una presencia verdaderamente catedralicia, difícil de encontrar incluso en piezas religiosas importantes.

La subcopa es una auténtica obra de orfebrería escultórica. Está concebida como una gran estructura floral calada, formada por hojas de acanto, roleos y elementos vegetales ejecutados con un relieve de enorme profundidad. Entre esta decoración aparecen magníficas cabezas de querubines alados de fuerte volumen y expresión muy delicada, integradas de manera armónica en el conjunto. Los contrastes entre las superficies satinadas, los fondos punteados y las zonas pulidas multiplican los reflejos de la plata y aportan muchísima riqueza visual. La decoración tiene además un acusado sentido simbólico y eucarístico, reforzado por la presencia continua de motivos vegetales y racimos de vid.

Uno de los elementos más destacados de la subcopa son los tres medallones ovalados en relieve que representan las Virtudes Teologales: Fe, Esperanza y Caridad. Las figuras están ejecutadas con una calidad sorprendente, mostrando posturas elegantes, pliegues muy bien definidos y una delicadeza poco habitual en piezas litúrgicas de gran tamaño. La Fe aparece con la cruz, la Esperanza con el ancla y la Caridad representada junto a niños, siguiendo la iconografía clásica cristiana. Estos medallones aportan al copón un carácter especialmente culto y refinado, elevándolo por encima de una pieza puramente ornamental.

La tapa continúa el mismo lenguaje decorativo monumental y ricamente trabajado que caracteriza al resto del copón. Su estructura ascendente aporta mucha verticalidad y culmina elegantemente la silueta general de la pieza. En la parte inferior aparecen nuevos relieves vegetales y racimos de uvas, mientras que la zona superior está decorada con impresionantes cabezas de querubines alados de gran fuerza escultórica, unidas mediante guirnaldas y elementos florales. La combinación entre plata brillante y detalles dorados crea un juego cromático especialmente atractivo cuando la luz se refleja sobre las superficies curvas y los relieves.

El remate final es verdaderamente excepcional. Sobre la tapa se eleva una esfera dorada coronada por una cruz de plata decorada con pequeñas bolitas de coral natural rojo, un detalle muy poco habitual. La delicadeza de este remate contrasta con la monumentalidad general del copón y aporta al conjunto una nota de riqueza y exclusividad muy especial. Toda la tapa muestra un trabajo de orfebrería de altísimo nivel, tanto por la calidad técnica de los relieves como por la armonía de sus proporciones y la elegancia de su composición decorativa. La copa presenta el interior dorado en muy buen estado, limpio, brillante y de una gran capacidad.

El copón conserva contrastes belgas en distintas partes, visibles en base, tapa, copa y contrapeso. El conjunto se encuentra en muy buen estado de conservación, con ligeras señales normales de antigüedad, sin que afecten a su presencia ni a su valor decorativo y litúrgico. El contrapeso inferior también de plata.

Por sus dimensiones monumentales, la riqueza de su iconografía y la extraordinaria calidad de su trabajo en plata, este copón pertenece claramente a la gran orfebrería litúrgica europea de finales del siglo XIX. No es una pieza religiosa antigua más: fue concebido para destacar en un altar importante y transmitir solemnidad, riqueza visual y presencia ceremonial. Su tamaño, peso y complejidad decorativa lo convierten en un ejemplar muy poco frecuente dentro del arte sacro antiguo.

La calidad del taller se aprecia en todos los detalles: los relieves de la base poseen una profundidad casi escultórica, los querubines están magníficamente modelados y los medallones de las Virtudes Teologales muestran un trabajo fino y muy cuidado. El contraste entre la plata brillante y el interior dorado vermeil crea además un efecto visual espectacular bajo la luz, reforzando todavía más su carácter solemne y monumental.

Para un coleccionista especializado en arte sacro, es una pieza de altísimo nivel, capaz de convertirse en protagonista de una colección importante. Y para una iglesia, basílica o catedral, este gran copón es una pieza absolutamente digna de volver al altar y reintegrarse a la Iglesia. Su monumental presencia, su brillante interior dorado y la riqueza simbólica de toda su decoración hacen que conserve intacta la solemnidad para la que fue creado hace más de un siglo.

Es el tipo de obra que no solo cumple una función litúrgica, sino que eleva visual y espiritualmente la celebración, aportando al altar la nobleza y la grandeza propias de la antigua orfebrería eclesiástica europea. Su excelente estado de conservación y detalles tan refinados como la cruz con coral natural convierten este copón en una pieza verdaderamente excepcional, capaz de emocionar tanto a un gran coleccionista como a un sacerdote con una especial sensibilidad por la belleza del culto tradicional.

Medidas: altura 42 cm (16,54 in), diámetro de copa 14 cm (5,51 in), diámetro de base 17 cm (6,7 in). Peso: 1660 g. (58.55 oz.)


Precio : 12500 €
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