| |
|
Servicio de Alertas
|
Apúntate a nuestro Servicio de Alertas
|
|
|
Cada pieza es irrepetible. Las más raras y las mejores oportunidades son las primeras en venderse.
El Servicio de Alertas es gratis y puedes darte de baja en cualquier momento. No hacemos Spam.
|
|
|
Antiguo óleo sobre Cobre. San Pedro de Verona. Escuela Italiana Napolitana c. 1650 |
Referencia: AT-E-407
Este impresionante óleo sobre cobre, realizado a mediados del siglo XVII, hacia 1640–1660 por un artista del círculo de Andrea Vaccaro o del joven Luca Giordano, representa una de las escenas más conmovedoras del martirologio cristiano: el asesinato de San Pedro de Verona, también conocido como San Pedro Mártir. Con una composición profundamente barroca, rica en contrastes lumínicos y simbólicos, la obra revela tanto un dominio técnico refinado como una sensibilidad espiritual que invita a la contemplación.
San Pedro de Verona, conocido como San Pedro Mártir, fue un fraile dominico del siglo XIII que dedicó su vida a combatir la creencia cátara en Lombardía. Nacido en Verona en 1205, fue asesinado en 1252, por orden de sus enemigos doctrinales, mientras viajaba hacia Milán. Su muerte fue rápida y violenta, mediante una espada que le atravesó su cabeza, y según la tradición, moribundo, escribió la palabra "Credo" (Creo), en el suelo con su propia sangre antes de expirar y reunirse con Jesús, refiriéndose a que él creía que la Muerte no era el final sino solo el principio. Fue canonizado al año siguiente, en un proceso excepcionalmente rápido.
Durante el Renacimiento y especialmente el Barroco, su figura fue intensamente promovida por la orden dominica como ejemplo de entrega absoluta a la fe. La iconografía de su martirio se codificó desde el siglo XVI, apareciendo en obras de Tiziano, Veronés, Domenichino o Ribera, quienes lo mostraban casi siempre arrodillado, en el momento de recibir el golpe, con ángeles descendentes portando los símbolos del martirio.
En la Nápoles del siglo XVII, esta temática fue abordada con especial sensibilidad por artistas como Andrea Vaccaro o Luca Giordano, cuyas obras combinaban teatralidad, profundidad psicológica y maestría técnica. En este contexto surgieron numerosos óleos devocionales sobre cobre, pensados para colecciones privadas o pequeñas capillas, donde lo narrativo y lo simbólico debían condensarse en formatos reducidos pero impactantes.
Este cuadro, sin duda vinculado a esa tradición, resume en apenas 37 centímetros toda la fuerza de un relato universal: el sacrificio por la fe, el triunfo sobre la muerte, y la promesa de redención que brilla incluso en medio del horror.
La escena se estructura en una marcada diagonal ascendente que une la tierra, con su crudeza y violencia, y el cielo, portador de promesa y redención. En la parte inferior, San Pedro se arrodilla con serenidad mientras uno de sus verdugos lo sujeta y otro alza una cimitarra en el instante previo al golpe fatal. El hábito dominico de tonos grisáceos comienza a teñirse de sangre, pero el rostro del santo, iluminado por una luz cálida y sobrenatural, expresa recogimiento más que dolor.
En lo alto de la composición, tres ángeles descienden desde el cielo, enviados por Dios para recibir el alma del mártir en el instante de su tránsito. No bajan como meros testigos, sino como portadores de promesas eternas: uno sostiene la palma del triunfo espiritual, otro yergue una corona de laurel, mientras el tercero presenta otra corona, también de laurel, a la vez que una cuarta figura alza una corona dorada, símbolo último de la gloria celestial reservada a quienes han perseverado en la fe. Estos ángeles, bañados en una luz suave y envolvente, componen una verdadera corte divina, una bienvenida solemne desde el cielo que contrasta con la violencia terrenal de la escena inferior. Su aparición no solo equilibra la composición, sino que eleva su significado: el martirio no es un final, sino el comienzo de una glorificación.
La elección del soporte de cobre es significativa: su superficie pulida permite reflejos sutiles en los brillos de las alas, los paños y las carnaciones. La pintura, aplicada en capas ligeras y con transiciones delicadas, demuestra el trabajo de una mano experta en pintura de gabinete, capaz de transmitir tanto tensión dramática como elegancia formal. La técnica, que conjuga tenebrismo ribereño con clasicismo post-caravaggista, es representativa de la escuela napolitana de mediados del siglo XVII.
El estado de conservación es excelente: la capa pictórica permanece perfectamente adherida, sin pérdidas ni levantamientos. El barniz presenta una ligera pátina amarillenta en las zonas más claras, compatible con su antigüedad, y se detectan mínimas intervenciones antiguas en algunas zonas de contorno. El reverso del cobre muestra una pátina noble, sin corrosiones ni deformaciones.
El marco, tallado en madera y dorado al mixtión, fue realizado a finales del siglo XIX o inicios del XX. Sus relieves vegetales y guirnaldas estilizadas complementan la obra sin quitarle protagonismo.
Esta obra devocional, por su formato íntimo, altísima calidad técnica y fuerte carga simbólica, fue sin duda destinada a un oratorio privado o colección culta. Su fuerza visual y equilibrio la convierten en una adquisición excepcional tanto para colecciones especializadas en arte barroco como para espacios de recogimiento espiritual.
Medidas: 37 × 29 cm (14.57 × 11.42 in). Con marco: 46 × 38 cm (18.11 × 15 in).
|
Precio : 8500 €
¡Enviamos a todo el Mundo! ¡Envíos a España GRATIS!
|
|
|
|
|