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Antiguo óleo sobre tabla, “Adoración”, seguidor de Zuccaro, Escuela Italiana ca. 1600 |
Referencia: AT-E-406
Antiguo óleo sobre tabla, una magnífica y rara pintura antigua que representa la Adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús, ejecutada hacia finales del siglo XVI o primeras décadas del XVII, atribuida a un seguidor directo de Federico Zuccaro, uno de los principales exponentes del manierismo romano. Esta obra se inscribe dentro de la producción pictórica centroitaliana, probablemente proveniente de un taller activo en el área del Lacio o Umbría. Su calidad técnica y expresividad la sitúan como una pieza excepcional para los amantes del arte sacro renacentista tardío.
La escena, resuelta con maestría en óleo sobre tabla maciza de madera (posiblemente nogal o castaño), nos muestra una composición profundamente teatral y equilibrada, organizada en forma piramidal. La Virgen María, entronizada, sostiene con ternura al Niño Jesús, quien contempla con mirada amorosa al rey anciano que se arrodilla a sus pies. La Virgen también lo mira con afecto y una sonrisa leve y cálida, creando una conexión emocional intensa que se convierte en el núcleo espiritual de toda la composición. La expresión devota del rey postrado, que ha dejado su corona en el suelo en señal de humildad, completa ese triángulo emocional con una reverencia contenida.
Los otros dos Reyes se disponen en diagonal: uno, anciano, inclina levemente su torso en gesto de respeto, mientras que el más joven, de piel negra y vestimenta suntuosa en verde y oro, sostiene una vasija de mirra con una expresión de admiración serena. San José, sereno y contemplativo, aparece en segundo plano, acompañado por dos ángeles que flanquean suavemente la Sagrada Familia, generando un equilibrio simétrico.
El fondo arquitectónico es elaborado y lleno de simbolismo. Ruinas clásicas en tonos ocres y azulados evocan la decadencia del mundo antiguo frente al nuevo nacimiento espiritual. Por detrás, una procesión de figuras y soldados se funde con un paisaje en fuga, iluminado por una estrella resplandeciente que señala el camino hacia Belén. La luz tenue y atmosférica baña la escena con un claroscuro manierista que enfatiza la teatralidad, intensificando los pliegues de los ropajes y los contrastes entre arquitectura y cielo.
La riqueza cromática es notable: rojos encendidos, verdes profundos, dorados luminosos y pinceladas azul cobalto se distribuyen con criterio armónico y jerárquico, reservando los tonos cálidos para las figuras principales. Las anatomías, levemente alargadas, son típicas del manierismo, con un modelado suave que evita el exceso dramático en favor de una espiritualidad contenida. Las expresiones, lejos de ser estáticas, transmiten emoción: afecto, humildad, devoción, paz.
Atribuida tradicionalmente a Federico Zuccaro, como consta en una placa metálica en el marco y en una inscripción manuscrita en el reverso, la obra es más justamente identificable como producto de su círculo cercano. El análisis estilístico indica claras influencias de Taddeo Zuccaro y del manierismo romano de la segunda mitad del Cinquecento.
Federico Zuccaro (circa 1540–1609) fue una de las figuras más influyentes del manierismo italiano tardío, junto a su hermano mayor, Taddeo Zuccaro. Ambos desarrollaron una pintura caracterizada por la elegancia, la teatralidad controlada y el refinamiento de las formas. Si bien Taddeo murió joven, su legado continuó a través de Federico, quien supo elevar el lenguaje manierista a una expresión madura, con una carga simbólica sofisticada y una notable destreza técnica. Federico trabajó para grandes mecenas y papas en Roma, Florencia y Madrid, llegando incluso a ser nombrado caballero por Felipe II. Fue también fundador y primer director de la Accademia di San Luca en Roma, promoviendo la formación artística humanista.
La obra que presentamos se inscribe en esa tradición tardomanierista cultivada por los seguidores y discípulos de Federico, especialmente en regiones como Umbría y el Lacio, donde su influencia fue particularmente profunda entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Estos seguidores mantuvieron el uso de composiciones teatrales organizadas en formas piramidales, figuras de proporciones alargadas y una iconografía marcada por la exaltación espiritual a través de la gestualidad y el color.
Este tipo de pintura religiosa, como la Adoración de los Reyes Magos aquí representada, era un tema especialmente favorecido por los artistas del círculo zuccaresco, ya que permitía desplegar no solo el repertorio narrativo bíblico, sino también una gama amplia de vestiduras, expresiones y escenografías arquitectónicas. Era frecuente que los seguidores de Zuccaro emplearan fondos de ruinas clásicas idealizadas —como en esta pintura— para simbolizar el fin del mundo pagano y la irrupción de la nueva era cristiana, una lectura muy presente en el pensamiento contrarreformista del momento.
La sonrisa del Niño Jesús y de la Virgen, la interacción emocional con los Reyes y la disposición escenográfica de la escena remiten a ese espíritu didáctico y devocional que impregnó la pintura italiana a finales del Cinquecento. Aunque la autoría directa de Federico no está confirmada, el estilo, la técnica y la sensibilidad narrativa de esta obra revelan un conocimiento profundo de sus modelos y de los ideales de su escuela. El seguidor que ejecutó esta tabla supo incorporar con inteligencia los principios de su maestro: equilibrio compositivo, intensidad expresiva sin estridencias y una cromática solemne, destinada a conmover al espectador y elevar su espíritu.
Este cuadro es, en definitiva, un testimonio vívido del legado de Zuccaro en las décadas posteriores a su muerte. Refleja cómo su lenguaje visual continuó difundido y reinterpretado por artistas que, si bien no alcanzaron su fama, compartieron su sensibilidad estética y su propósito espiritual. Es un fragmento fiel de la pintura religiosa centroitaliana en la transición hacia el primer barroco, donde el manierismo aún mantenía su vigencia como vehículo de fe y de belleza.
La pintura se encuentra en excelente estado de conservación. La capa pictórica es íntegra, con craquelado superficial estable propio de su antigüedad. No se aprecian repintes ni añadidos recientes. El reverso presenta elementos notables: una inscripción a tinta negra con indicación de venta por 3000 reales —cifra importante para la época—, así como restos de un sello de lacre rojo con escudo nobiliario, lo que sugiere una procedencia aristocrática.
El marco, historicista, es también de gran interés, realizado probablemente entre 1880 y 1920, con moldura dorada al agua y parte superior en arco, armonizando elegantemente con la obra. Incluye placa antigua que reza “Fco Zuccaro”.
Su carácter íntimo y profundamente devocional la convierte en una pieza ideal para espacios recogidos, altares domésticos o colecciones especializadas en arte sacro manierista.
Una obra excepcional que combina historia, emoción, técnica y belleza.
Medidas: 54,5 × 39,5 cm (21.46 × 15.55 in). Sin marco: 46 × 31,5 cm (18.11 × 12.4 in).
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Precio : 9000 €
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